miércoles, 25 de julio de 2012

Novela Gráfica: Autobiografía y Coming-of-age

"Cuando eramos niños, mi hermano menor Phil y yo compartíamos la misma cama". -Blankets (2003).
Dentro del universo que representan los cómics, muchas veces se hace la distinción entre “cómics”, como los libros serializados que la mayoría de nosotros conoce, y las “novelas gráficas”, que a primera vista parecen marcar la diferencia con un trabajo más artístico y con una producción más independiente que el resto de los trabajos, así como también con temáticas más complejas e inherentemente humanas, que bien podrían establecer nuevos y diferentes lazos con el público consumidor de cómics.

William Eisner propone el contexto de este formato: 
En los últimos años se ha abierto un nuevo horizonte con la irrupción de la novela gráfica, forma de comic book que se encuentra todavía en desarrollo fetal. Los trabajos en este campo, muy entusiastas y un tanto al azar, siguen llegando a un público que no está preparado, y eso sin mencionar un sistema de distribución defectuoso, que pese a todo proporciona una posición adecuada en el mercado, donde la exposición, generalmente, se rige por las pautas del ayer (El cómic y el arte secuencial, 2007).
Aunque la diferencia para muchos es difusa y es aún sometida a discusión, como señala Boris Trbic en su artículo “Drawn In: Teaching Graphic Novels” (2009), puede ser un buen punto de partida para que un educador seleccione el material con el cual desea trabajar.


Dentro de la novela gráfica, un género recurrente es la autobiografía, y más específicamente el Bildungsroman o coming-of-age, es decir, aquél género literario que trata sobre cómo un personaje experimenta el paso de la niñez (o adolescencia) a la adultez. Esto, quizá por el grado de libertad que tienen los autores al crear sus obras, lo que los hace tener una visión más personal del medio. Dentro de esta categoría podemos encontrar a Blankets, de Craig Thompson, la cual narra de manera autobiográfica su niñez, adolescencia, y temprana adultez en el seno de una familia religiosa, poniendo especial énfasis en las dudas existenciales, religión, relaciones interpersonales y sexualidad. Otro ejemplo es I Never Liked You (1994), de Chester Brown, la cuál con una narración y dibujos más minimalista aborda temáticas semejantes. Persépolis (2002), novela mencionada anteriormente en el blog, escrita y dibujada por Marjane Satrapi, trata con el tema de crecer dentro de un régimen fundamentalista y los problemas que aquello genera, narrada desde un punto de vista femenino. Otra novela gráfica que trata sobre temas similares es Ghost World (1993-1997) de Daniel Clowes, quien a pesar de que no narra sus vivencias personales en el cómic, presenta a dos personajes femeninos en su adolescencia, quienes en un mundo pintorescamente extraño, enfrentan sus problemas al acercarse su vida adulta.


Es cierto que todas estas novelas presentan personajes que pertenecen a contextos culturales completamente diferentes al que vive un estudiante chileno Sin embargo, así como las películas, que también presentan personajes y mundos generalmente ajenos al cotidiano local, y aun así tienen gran éxito entre la juventud y generan un alto grado de identificación; la novela gráfica tiene el mismo potencial, pues busca producir el "reconocimiento de la experiencia propia en el otro" a través de temáticas universales y personajes tridimensionales. Éstos tienen experiencias similares a un adolescente chileno, pues se encuentran en la misma etapa etaria, donde la búsqueda de la identidad en un leit motif constante durante la narración. Esto podría ser particularmente útil al tratar de establecer sintonía entre un educador y un grupo de estudiantes.  Como señala Janette Hughes y cols., en su artículo “Adolescents and Autobiographics: Reading and Writing Coming-Of-Age Graphic Novels” (2011), citando a Alvermann (2001): los alumnos tienen mayor éxito cuando se les ofrece un mayor abanico de textos y actividades enfocados a sus necesidades individuales. Esto quiere decir que de por sí, la presencia de la novela gráfica en la sala de clase aporta al rendimiento de los alumnos dado que presenta un elemento novedoso con el que los estudiantes pueden desmarcarse de las actividades tradicionales del día a día académico, y más aún, acercándolo a la cultura popular, ya sea para apreciarla o criticarla de acuerdo a su propia visión.


Volviendo a las novelas autobiográficas, según Hughes y cols., éstas involucran una lectura que abarca los espacios de la escuela y el hogar, estableciendo un vínculo más cercano con el estudiante, más allá de la temática del coming-of-age. Este vínculo se incrementa también por el hecho de que el medio del Cómics, a diferencia de otros que se apoyan en la imagen, como el cine, permite la posibilidad de pausar y reflexionar sobre lo que se está leyendo. En este sentido, también es relevante lo discutido en el post anterior sobre el “closure” (la habilidad de percibir el todo a través de las partes). Como señala Scott McCloud, el Cómics es uno de los medios que genera mayor participación del lector al completar y darle una interpretación a lo que ocurre entre panel y panel, lo que si es extrapolado al caso de adolescentes, y sumado a la temática del paso de la adolescencia a la adultez de las obras, puede generar una relación positiva entre los estudiantes y el medio.

Enid y Rebecca, protagonistas de Ghost World (1993-1997).
Estas novelas autobiográficas representan un punto de vista alternativo dentro de los cómics, muchas veces transmitiendo la voz de autores que tienen más libertad de acción al narrar sobre sus propias experiencias. En este sentido, se puede apuntar a una diversificación de los discursos; tanto BlanketsGhost WorldI Never Liked You y Persépolis, ofrecen protagonistas alejados de los estereotipos que se observan en la publicidad y en el cine comercial, lo que se traduce en una alternativa significativa frente a los discursos dominantes sobre religión, sexualidad y género, por ejemplo, invitando a una identificación más profunda y una reflexión libre de influencias provenientes del mainstream y los medios convencionales.


En Chile, es poco el acceso que se tiene a novelas gráficas, y si se logra encontrar una, usualmente son muy caras. Por otro lado, encargarlas de otro país impone la barrera del idioma, pero aun así, no deja de ser una alternativa interesante de considerar en el futuro. Las escuelas podrían invertir en un stock de novelas gráficas para su biblioteca, para así incluirlas en un plan que involucre una enseñanza transversal. Tal como se ha hecho con el diario en el aula de clases a través de diferentes alternativas como el Mercurio de los Estudiantes, las Olimpiadas de Actualidad de la ANP, o en Perú con el Diario El Comercio, donde se intenta enseñar diferentes áreas del conocimiento a través de la prensa escrita; el uso de la novela gráfica también podría ser útil, pues más allá de ser un elemento literario, es también artístico: como señala Janette Hughes y cols., los estudiantes pueden crear, a partir de ciertos cómics, sus propias novelas gráficas, trabajando así sus habilidades artísticas, y motivándose a leer. Las obras también proponen temas valóricos que se podrían tratar transversalmente o en la clase de Desarrollo Personal, además de temas de relevancia histórica, como el Holocausto en Maus (1980-1991) de Art Spiegelman, una novela también autobiográfica. 

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