
Y sí, lo escribo con “s” final
porque en realidad ese es el nombre del medio, a diferencia de cómic, que sería
lo que todos conocemos como esos libritos, casi revistas, con caricaturas en su
interior, usualmente superhéroes que pelean contra villanos.
Antes de dar cualquier razón para
haber elegido el Cómics como un medio digno de ser promovido como una potencial
herramienta educacional/motivacional, debo dejar en claro una cosa: la relación que nuestro país, Chile, tiene con el Cómics es un tanto extraña. Si bien, todos reconocemos los nombres de Mampato, Condorito, Torito, Sam, o Pepe Antártico, y podemos apreciar que las características de cada uno de estos personajes han penetrado en cierta forma la cultura popular, el medio del Cómics como tal ha estado más ligado ya sea al público infantil, a través de historietas, o al adulto, principalmente a través del humor (Topaze, Pobre Diablo). Siempre se recuerda y habla de los personajes íconos del cómic chileno, pero pocas veces del Cómics como un medio legítimo dentro de la literatura; en este sentido no había mucha diferencia entre los
cómics y los dibujos animados de la TV.
Recuerdo estaba en 7° básico, en 1999, cuando llevé un número de X-Men a mi liceo en Talca. Muchos de mis compañeros lo vieron con curiosidad y un dejo de ignorancia, la misma con la que yo años antes había mirado antes la colección de Barrabases de uno de mis primos mayores. Ahora me doy cuenta que en realidad era poco y nada lo que sabíamos sobre el medio, y menor aún era nuestra relación con él hasta ese punto.
Recuerdo estaba en 7° básico, en 1999, cuando llevé un número de X-Men a mi liceo en Talca. Muchos de mis compañeros lo vieron con curiosidad y un dejo de ignorancia, la misma con la que yo años antes había mirado antes la colección de Barrabases de uno de mis primos mayores. Ahora me doy cuenta que en realidad era poco y nada lo que sabíamos sobre el medio, y menor aún era nuestra relación con él hasta ese punto.
Es cosa de ver unas cuántas
películas gringas y darse cuenta que la situación allá es un poco diferente. En
Estados Unidos no sólo existe una cultura de cómics sino que también hay toda
una industria en torno de ella. Más allá de que esto sea bueno o malo, nos deja
en una posición diferente al momento de pensar el Cómics como un medio
significativo en la educación. Para un niño norteamericano, el que un profesor
le presente un tema entorno a un cómic, va a significar un fuerte elemento de
sintonía, pues el cómic forma parte de su cultura, de su día a día y de las
conversaciones que sostiene con sus amigos y compañeros de escuela. En cambio,
para un niño chileno probablemente le resultará atractivo, pero la barrera
entre la intención y el aprendizaje será mayor, pues el cómic no forma parte de
su cultura popular, o quizá sólo en grupos reducidos y ciertas tribus urbanas. En pocas palabras, si se quiere utilizar el Cómics en la educación, primero se debe lograr un lazo afectivo
con el medio para poder utilizarlo significativamente en la enseñanza.
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